NO NOS DAN MIEDO VUESTRAS RUINAS… LLEVAMOS UN NUEVO KAOS EN NUESTROS CORAZONES

Posted: Setembre 4, 2013 in Uncategorized

Proclamamos desde nuestra insana locura, rebelde y contagiosa, que no nos preocupan los códigos penales y sus reformas porque no creemos ni en vuestras leyes, ni en vuestras enfermedades.

Desde que nacimos hemos vivido turbadas y sometidas al imperio de la ley, al de la familia, al de la religión, al de la medicina, al de la escuela, a la del trabajo, al del marido, al del padre, al del estado…, desobedeciendo a todas, y por ello nos habéis etiquetado con vuestro despreciable surtido de enfermedades incurables y crónicas.

Nos condenasteis de por vida incluso antes de nacer, y vamos a seguir defecando sobre vuestras verdades científicas, políticas, económicas, sociales y religiosas, porque la obediencia y la sumisión son las únicas enfermedades verdaderas.

Venimos de una larga travesía atormentada en la que se nos arrancó de nuestro entorno natural para incorporarnos al sistema de un mundo, al que no nos queremos adaptar. Seremos siempre incómodas, inestables, críticas, molestas, inadaptadas, emotivas, apasionadas, inquietas, resistentes, distraídas, amantes, hiperactivas, desbordadas… y guerreras, porque no vamos a renunciar a brotar con nuestra locura frente a los chantajes y conflictos emocionales con los que nos queréis domesticar y a la permanente confrontación entre iguales.

Estamos enfermas de una bilis oscura de rabia que se agita como tormenta contra todos aquellos que se sienten seguros y a salvo en este mundo tan incierto que, día a día, nos va destruyendo. Contamináis con azufre y uranio el aire que respiramos. Las aguas de los ríos son cada vez más tóxicas por vuestros vertidos de escorias de metales pesados. Vuestras emisiones de dióxidos, metanos y gases contaminantes fluorados, están asfixiando y quemando la naturaleza y poniendo en riesgo la supervivencia de todos los animales, humanos o no humanos, y los seres vegetales. Habéis recubierto el planeta de una gruesa piel de tóxico engrudo negro y cercado el territorio con raíles, autovías, vallas metálicas, muros de hormigón, torres de alta tensión y espinosas alambradas…, separándonos de nuestros hermanas y vecinos y llenando la atmósfera de radiaciones electromagnéticas. Mantenéis las montañas gravemente enfermas de heridas abiertas por canteras, explotaciones minerales y deforestaciones. Encerráis a muerte en granjas industriales a los animales no humanos, y a los humanos nos recluís en centros industriales de explotación penitenciaria. Bombardeáis poblaciones civiles en nombre de las libertades, la justicia y la democracia, saqueando países enteros por cuestionar vuestro modelo hegemónico de vida capitalista, blanca, patriarcal, occidental y cristiana, llevando a miles de personas al ciego callejón de su miseria, su destrucción y su muerte.

Y sois vosotros, los autoproclamados amos guardianes de las libertades del mundo, de este destructor orden mundial que no es nada nuevo, quienes nos consideráis “locas” y “sujetos peligrosos” para justificar nuestras mordazas, las camisas de fuerza farmacológicas, el encierro a perpetuidad y la condena a muerte. Nuestra “locura” no se deja engañar por los modernos diseños de las democratizadas lobotomías químicas y las terapias de shock que utilizasteis como tormento y tortura, en las más cruentas dictaduras, …porque nos tenéis miedo.

Vosotros, los que nos echáis de nuestras casas, los que después de explotarnos en vuestras fábricas nos forzáis al paro. Vosotros, los que determináis quién tiene más “derecho” para vivir en un territorio que no es vuestro y en el que sólo podéis mantener vuestros privilegios por la dura represión y por la capacidad destructiva de las armas de vuestros ejércitos, …nos tenéis miedo.

Vosotros, los que sometéis a los grupos humanos a un asfixiante estado de excepción, imponiendo la vigilancia de cada uno de sus gestos y el control de un estado policial, …nos tenéis miedo.

Vosotros, los que negáis nuestro derecho como mujeres a decidir sobre nuestros cuerpos, al mismo tiempo que violentáis con la esterilización los cuerpos de las indígenas o de las que consideráis “menos válidas”, …nos tenéis miedo.

Vosotros nos encerráis en vuestra rancia y atormentada moral religiosa, decidís por nosotras cuales deben de ser nuestros deseos y no concebís otra realidad que la dual. Imponéis vuestro dogma de que sólo podemos sentirnos hombres o mujeres y que sólo así podemos amarnos y desearnos, cuando las realidades de nuestras pulsiones son mucho más amplias y hermosas y no vienen determinadas por vuestros prejuicios. No tenéis escrúpulos para firmar tratados sobre los derechos a la libertad sexual, pero luego nos imponéis vuestros tratamientos psiquiátricos para erradicar nuestra “transexualidad” y someternos a cirugías que nos modelan al binomio hegemónico de un deseo que no sentimos.

Sois los mismos que firmáis impresionantes tratados sobre convenciones y derechos humanos del niño y la niña, y reconociendo la obligatoriedad de la enseñanza, luego les negáis el alimento. Los niños y las niñas pueden morir de desnutrición y hambre pero obligatoriamente escolarizadas, porque a vosotros no os importa que no existan principios fundamentales que garanticen la alimentación de las criaturas más pequeñas y necesitadas, sólo su formación y control. Sois vosotros los que vais con la ayuda humanitaria a invadir esos países donde la mortandad infantil es alarmante, y a llevaros sus riquezas a cambio de dejarles todos vuestros venenos.

Esta ayuda humanitaria es vuestra coartada para el saqueo, el expolio, la tortura, la violación de las mujeres y la destrucción que posteriormente reconstruiréis según vuestro orden. Como antaño, seguís dejando vuestro rastro de dolor y desolación allí por donde pasáis. Sois los señores de la muerte, los que inventáis patologías para prescribir dañinas drogas paliativas. Decís curar con más y más enfermedades y cronificais nuestra agonía haciéndonos dependientes de vuestras medicinas, de vuestras mercancías, del consumo compulsivo y desaforado que atesora la propiedad como un privilegiado derecho inalienable y no como robo, saqueo o expolio a la humanidad.

Nos condenáis a un ocio embrutecedor que reproduce vuestras miserias y que nos enajena. Enfermamos por vuestra constante violencia en todos los ámbitos de nuestra vida. Enfermamos agotadas por la explotación y por cada uno de vuestros prejuicios morales y heteronormativos. Enfermamos por el profundo malestar que nos provoca la cotidiana alienación de una vida que nos enajena.

Tenéis el mundo en vuestras manos y tendréis nuestros cuerpos amordazados pero nunca conseguiréis apropiaros de nuestra voluntad. Nuestras convicciones son sólidas y firmes, y sabemos que nos enfrentamos a una lucha desproporcionadamente desigual, pero sostendremos con fuerza nuestras ilusiones y no daremos ni un paso atrás. Por eso nos tenéis miedo. Tenéis miedo a la desbordada ira de las miserables. Tenéis miedo a la implacable mirada de nuestra rabia. Y por eso vais a imponer esta nueva reforma del código penal a espaldas del pueblo y contra el pueblo, pero ni mil reformas, ni todas las leyes que caben en vuestros miserables sueños, callarán nuestras voces, ni agotarán nuestras ansias de luchar contra la epidemia de vuestra cultura de la muerte.

Somos nosotras, las desposeídas, contra vosotros, los poseedores. Vuestro miedo se refleja en cada ley y nuestra sangre se enciende y, cuando la derraméis, arderéis con vuestro mundo. Somos hijas de una revolución digna que germina en la memoria y no vamos a olvidar, ni a perdonar.

Sabemos que este otoño vais a aprobar una nueva reforma del código penal. Otra reforma más con la que nos queréis amordazar y encerrar, sin que se vean las cuerdas ni las paredes de las celdas. Esta reforma no es sólo contra nosotras las locas, las mujeres, las transexuales, la migradas, las resistentes, las precarias… Es contra todo el pueblo que se defiende de vuestra codicia y de vuestros abusos ilimitados. Es contra todo el pueblo que es consciente de que ningún gobierno les va a traer libertad. Vuestras leyes son contra todas esas personas que reconocen que sólo ellas pueden decidir sobre el destino de sus vidas, y no los mercados, las entidades financieras, los intereses económicos o políticos, las razones de estado…

Frente a cada una de vuestras medidas represivas, nos mantendremos firmes y desobedientes frente a todas las instancias. Nuestra resistencia dejará de ser de supervivencia, para convertirse en lucha transformadora que defenderá  sus espacios de libertad con el cuerpo a cuerpo. Sentiremos mucho temor frente a vuestros ejércitos de matones y mercenarios a sueldo, pero nuestro arrojo, nuestra determinación, nuestros deseos por vivir en libertad, el apoyo mutuo y la solidaridad de nuestras hermanas y hermanos, nos ayudarán a superar todos nuestros miedos.

Empezad ya a construir más cárceles, manicomios y cámaras de gas, porque la tierra se os quedará pequeña.

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