La peligrosidad como arma de disección

Este nuevo código penal profundiza las alianzas entre psiquiatrización y criminalización, siendo un espantajo muy útil para justificar medidas de excepción claramente represivas. Particularmente, a las personas diagnosticadas, supervivientes y psiquiatrizadas nos afecta directamente ya que, según la reforma del CP, también estaríamos dentro de esta calificación franquista de ‘sujeto peligroso’. Con la consagración del “sistema dual”, el internamiento psiquiátrico es considerado como una medida de seguridad más, de tal modo que podrían encerrarnos de por vida, sin prueba alguna, incluso por haber cometido lo que antes era considerado falta y ahora es delito en el nuevo CP.

Sin nostalgia alguna por el CP anterior (ni por ningún otro) el castigo ya no guarda relación con el delito. La medida de seguridad “depende” de la peligrosidad del autor, es decir, de la discrecionalidad del juez para evaluarla y aplicarla, dando curso legal al abuso que supone prever, juzgar y castigar delitos hipotéticos. ¿Cómo se puede objetivar la peligrosidad? Ahí es cuando aparece el experto psi para envolver en términos “científicos” la arbitrariedad: “las valoraciones psiquiátricas disponibles confirmen que continúa tratándose de una persona extraordinariamente peligrosa”.

Nuevamente la peligrosidad es el arma de disección entre acto y persona. Armamento de un sistema de larga historia eugenésica, heteropatriarcal, racista y capitalista del que la psiquiatría forma parte medular con sus aparatos ópticos y materiales para controlar a cuerpos que son desobedientes a la imposición de lo que eufemísticamente llaman Tratamientos Ambulatorios Involuntarios o Terapia Electroconvulsiva.

No nos avergonzamos frente a su sorpresa de haber sobrevivido a este régimen de tecnofarmaconsumortopedico de lo forzoso como tampoco del peligro que significamos para un sistema que no cuenta con nosotrxs. Nuestro único reconocimiento es el de que nuestras vidas, mentes y cuerpos son y serán vivibles.

Se nos puede imponer,en función de tal peligrosidad, medidas de seguridad como el tratamiento ambulatorio involuntario (TAI), esto es, el tratamiento forzoso y la libertad vigilada, medidas represivas que se unen al electroshok y al encierro para acallar los gritos que provoca el capitalismo y el patriarcado. Pero no nos callarán. Por mucho que extiendan y generalicen las medidas represivas no lo van a conseguir. El miedo que intentan transmitir no puede detener el anhelo incontenible de un mundo distinto que el que nos ofrece su sociedad de control, su machismo y su explotación.

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